Aniceto Jiménez Pita, Relojero

 

Aniceto Jiménez Pita nació en 1947 en el seno de una familia de agricultores de Oliva de Mérida. De pequeño arreglaba relojes de pulsera casi sin herramientas, gratis o por muy poco dinero. En la actualidad, es uno de los mejores relojeros del mundo y el único español que forma parte de la prestigiosa AHCI (Académie Horlogère Des Créateurs Indépendants), gracias a sus dos patentes y al Oceana, un reloj de caja completamente estanca sumergible a 5.000 metros de profundidad. Las serie limitadas de Aniceto alcanzan los 23.000 euros la unidad.

Aniceto es un hombre sencillo, forma parte de la generación de la diáspora extremeña, de los emigrantes que salieron de nuestra región con la ilusión de encontrar una vida mejor. A principios de los años sesenta, con 16 años, se fue a Barcelona como tantos extremeños para estar más cerca de sus sueños. Fabricar manualmente sus propios relojes con mecanismos de factura propia siempre ha sido su motivación. Desde muy joven, se dio cuenta de que tenía talento manual. “Siempre he sido muy habilidoso con las manos y todos me traían sus relojes. A los 11 años construí mi primer reloj clepsidra, que es un reloj que funciona con agua, aclara. Fue como un juego, puse un depósito de agua arriba y un grifo pequeño abajo, hecho con dos palitos, luego añadí un corcho, una polea y un despertador viejo. Construí un híbrido entre clepsidra y mecánico sin darme cuenta”.

En sus comienzos Aniceto tuvo que aprenderlo todo por sí mismo y buscaba la inspiración en su lugar preferido de Oliva de Mérida, la iglesia. “Visitaba el reloj de la torre de la iglesia del pueblo casi cada día, viendo como funcionaba, los mecanismos… era mi sitio preferido del pueblo y pasaba muchas horas allí, en un cuartito. Tenía un hermano que era muy trasto, una joya, siempre andaba por ahí de correrías. Yo me quedaba arreglando cosas en casa a la sombra o me iba a la fragua, a ver cómo manipulaban el hierro, incluso a veces me dejaban hacer cacharros en cobre “.

Antes de abrir su primera relojería en la Ciudad Condal, Aniceto trabajó de aprendiz en Siemens, donde aprendió alemán, una habilidad que le sirvió para leer libros de relojería de autores extranjeros y aumentar sus conocimientos en este arte. “Estuve en la Siemens porque era bueno con las manos pero al mismo tiempo repartía pasteles y ayudaba a los relojeros de la zona con sus encargos, muchas veces trabajaba toda la noche”. Después de ocho años de trabajo duro en una ciudad que no era la suya, en 1971 abrió su primera tienda, de sólo 21 metros cuadrados . “No teníamos dinero, todo lo hicimos nosotros, hasta los muebles. Tuvimos mucho éxito porque la mayoría de las tiendas que había eran sólo de piezas, de recambios. Hubo que coger un aprendiz y, con el tiempo, alquilar otro local más grande porque ya no cabíamos (risas). Teníamos mucha faena, no como la gente joven ahora, por desgracia.”

Poco a poco, a través de ferias especializadas y viajes, Aniceto fue comprando todo lo que necesitaba para construir relojes de manera artesanal. La idea de crear un reloj propio llevaba mucho tiempo rondándole por la cabeza. “Cuando uno ha reparado muchos relojes y ha estado siempre entre piezas acaba preguntándose por qué esto no se hace así o de otra manera. Con la primera patente TSM (Time Setting Mechanism), conseguimos un mecanismo de puesta en hora sin corona que elimina muchísimas piezas y simplifica el reloj, haciéndolo más fiable. La segunda es Remote Transmission, que es propia del Océana, y se encarga de mover las agujas de la caja interna del reloj, en la que no entra ni el aire, por medio de un engranaje magnético de nuestra invención, inédito hasta el momento. A través de estos mecanismos se puede manipular el reloj, no importa a la profundidad a la que estemos.”

La transcendencia de la aportación a la relojería de Aniceto es tan grande que forma parte de Académie Horlogère Des Créateurs Indépendants, una asociación suiza con más de 25 años de antiguedad considerada como la meca de la relojería independiente y de la cual salen la mayoría de las técnicas utilizadas en los “relojes de marca”. Orgulloso, Aniceto matiza los requisitos necesarios para formar parte de la élite. “Tardan más de dos años en aceptarte y para ser miembro tienes que contribuir con una aportación significativa e inédita al mundo de la relojería, no vale con diseñar un colorcito de esfera o una aguja distinta, subraya divertido, tiene que ser una innovación nunca vista anteriormente y estás tres años examinándote, como aquel que dice.”

Aniceto confiesa que se sintió empequeñecido al encontrase con la flor y nata de la relojería mundial. Hasta que les enseñó sus prototipos; el Oceana, un reloj sin corona, juntas ni puntos débiles y sumergible a 5.000 metros y el Carousel, un reloj automático con movimiento rotatorio en el propio eje que muestra la mecánica suspendida en la esfera y se gira a sí mismo. “Mi ingreso en la Academia es una historia muy curiosa. Conocí a un miembro de Hong Kong en una feria de artesanía relojera en Suiza. Yo no hablo inglés pero me fijé en que siempre compraba las mismas cosas que yo. Le enseñé mis relojes y por señas me indicó quien era. También me invitó a la cena anual de la Academia. Allí vieron mis prototipos y les encantó la idea ,dijeron, “estos relojes tienen que estar en la Academia, termínelos y presente el acabado final, aceptaremos su candidatura”, eso me llenó de orgullo y me emocioné mucho, la verdad” . Tres años más tarde, durante la votación a mano alzada para seleccionar a un nuevo miembro, el jurado ni siquiera dio tiempo a finalizar el recuento, la mayoría fue tan aplastante que Aniceto fue aceptado inmediatamente. “Fue un orgullo para mí, no aceptan a cualquiera ya que se juegan el prestigio de la institución al incorporar un nuevo miembro. No es por colgarme medallas, dice riendo, pero soy el único español que ha conseguido esto.”

Resulta cuanto menos curioso que el reloj sumergible definitivo lo haya inventado un artesano con un presupuesto tan reducido. Aniceto deja en segundo plano a marcas que han destinado millones de euros a este proyecto. “La relojería es algo muy artesanal, con mucha experiencia y una idea brillante se pueden conseguir grandes cosas. No sé si las grandes marcas estarán celosas, espero que no (Se ríe)”.

Dejamos a Aniceto en la soledad de su taller, trabajando en un nuevo prototipo llamado “Molinos”. Un precioso reloj cuya particularidad es que “no tiene remontoire, da la hora sin agujas ya que tiene las ruedas minuteras y de la hora por fuera, encima de la caja. Es un reloj muy bonito, sencillo e innovador”. Antes de irnos hablamos de precios y Aniceto sostiene “Son relojes costosos por sus materiales y por el tiempo que empleo en hacerlos, un año más o menos. Estamos abriendo mercado en Japón y en Estados Unidos también. Aún así somos los más baratos de toda la Academia, eh? Matiza Aniceto mientras se despide saludando.

Oceana

Carousel

Molinos

Texto: Javier Antón
Fotografías: Pita Barcelona

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